Golpe de Agua: un pequeño retiro que nos encontró
Hay lugares que no se buscan: llegan. Golpe de Agua es uno de esos. Una casa hermosa, abierta al cielo y al verde, con un parque que parece no terminar nunca y un río que corre a apenas unos pasos, como si estuviera esperándonos desde siempre.
Vinimos los tres: Ale, Georgina y yo. Ellas, con su energía geminiana inconfundible, llenando el aire de bromas, chispazos, discusiones fugaces y carcajadas que estallan sin aviso. Yo, encontrando mi propio ritmo entre sus aceleres, mis silencios, mis rituales y mis pequeñas manías que ya son parte de mi forma de estar en el mundo.
Las mañanas arrancan temprano, con el río como primer destino. Ellas buscan el sol; yo, el agua fría que me despierta el alma. Me sumerjo, nado un poco, y después me retiro a la sombra, fiel a mi cuidado de la piel y a mis límites. Cada uno en su elemento, pero compartiendo el mismo paisaje.
La galería se volvió mi refugio. A veces pongo mi música rara —esa que una adolescente definió con precisión— y otras veces la apago para escuchar algo más grande. Ayer, por ejemplo, el cielo estaba tan limpio que parecía recién estrenado. Me quedé solo, mirando el firmamento, hasta que el sueño me venció en un sillón cama. A las tres de la mañana me desperté, todavía envuelto en ese silencio vivo de las sierras, y me fui al cuarto a seguir durmiendo.
Pero lo más profundo llegó cuando decidí apagar la música y dejar que la naturaleza hablara. Las loras, las cotorras, los pájaros todos… una sinfonía atolondrada, territorial, divertida, llena de vida. Me hizo acordar a aquel algarrobo del refugio de Unquillo, cuando Analia dijo “está a full el conventillo” y descubrí que los pájaros vuelven siempre a su lugar. Ayer, escuchándolos, me reí solo. Era como estar en medio de un barrio alado.
Y entonces pasó algo que no esperaba.
Cuando registré la sinfonía total de los animales, los escenarios naturales magníficos y la arquitectura campestre y exquisita que nos rodea, me emocioné a solas. Lloré de alegría y de nostalgia al mismo tiempo, como si todo lo vivido —lo bueno, lo difícil, lo que ya fue y lo que todavía viene— se hubiera alineado en un instante perfecto.
Qué bueno Leandro ! Me encanta que lo hayas vivido así, mejor dicho, te vi ! Vivirlo así! Realmente la naturaleza es la mayor fuente de energía! Y tener la posibilidad de poder hacernos estos escapes con frecuencia y disfrutar y disfrutarnos es una bendición! Gracias hno!!🥰
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