Presencia, incluso en los ajustes
Estos días vengo ajustando números como cualquiera que intenta llegar a fin de mes sin perder la calma ni el humor. En ese reacomodo, la ayuda que suelo pasarle a Isabella quedó momentáneamente en pausa. No por falta de voluntad, sino por la simple realidad económica de enero, ese mes que siempre llega con la mano pesada.
Hoy, conversando con Analía, surgió el tema. Me contó —con esa mezcla de lucidez y ternura que la caracteriza— que Isabella no le había dicho nada sobre la falta del aporte de este mes. Y que, cuando lo recibe, se pone realmente contenta porque lo vive como una forma de sentirme presente. Me pareció justo y necesario escucharlo. Yo ya tenía pensado reponer todo junto en febrero, porque así soy: si algo queda pendiente, lo ordeno y lo devuelvo. No desde la culpa, sino desde el vínculo.
Y acá viene lo importante.
Con Analía, después de la distancia que nos tomamos desde el 3 de diciembre, llegamos a un acuerdo muy claro. Seguimos como amigos. Pero no como amigos “de transición” ni como un arreglo tibio. No. Como Hombre y Mujer Valor, como yo lo llamo. Dos personas que hicieron un trabajo interior enorme, que se fortalecieron, que se volvieron más estoicas, más enteras, más capaces de vivir bien por sí mismas. Desde el 12 de enero, esa decisión se volvió formal y limpia.
En ese marco, nos reconocemos como afectos fuertes, nutritivos, sin dependencia, sin necesidad de volver a un formato que ya cumplió su ciclo. Nos necesitamos como se necesita a un buen amigo, a un afecto serio, a alguien que sostiene y acompaña sin invadir. Y ella, con mucha vergüenza al principio, me dijo que me necesita para seguir avanzando con su Programa de Bariátrica. Yo, por supuesto, le dije que sí. Acompañar es parte de mi naturaleza, y ella lo sabe.
También quedó firme —muy firme— algo que para mí es esencial: soy el padrastro de Isabella, aunque su madre y yo no sigamos como pareja. Soy su padre del corazón, no un padrino ocasional ni un rol decorativo. Es un vínculo real, estable, reconocido. Me recuerda mucho a la función que la ex pareja de mi hermana Georgina tiene con sus hijos: una presencia que no depende del estado civil, sino del amor y la responsabilidad afectiva.
Así que, en febrero, repondré lo que corresponde. No porque nadie me lo exija, sino porque es lo que siento correcto. Y porque Isabella merece esa continuidad, ese gesto que para ella significa presencia.
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