🐍✨ CUANDO DESPERTÓ MI SERPIENTE PLANETARIA (Y POR FIN TODO SE ALINEÓ)
Hay despertares que no vienen desde la mente ni desde el corazón.
Vienen desde el cuerpo.
Desde un lugar más antiguo, más profundo, más verdadero.
En estos días, después de meses de enfermedad, pausa afectiva, trabajo interior y silencio, sentí algo que hacía mucho no sentía: mi energía vital volvió a encenderse.
Y no de cualquier manera.
Volvió en eje.
Como si la Serpiente Planetaria Maya —mi propio sello natal— hubiera decidido levantarse después de un largo sueño y decirme:
“Acá estoy.
Estoy viva.
Y vos también.”
No fue un impulso desordenado.
No fue compulsión.
No fue ansiedad.
Fue vitalidad pura.
🌿 La serpiente en eje
Ser Serpiente Planetaria (KAN tono 10) significa que mi energía vital no es un accesorio: es mi motor.
Cuando estoy enfermo, cansado o emocionalmente saturado, esa energía se apaga.
Pero cuando el cuerpo sana, cuando la mente se ordena, cuando el alma se aquieta…
la serpiente vuelve.
Y vuelve con fuerza.
Lo que me sorprendió no fue el deseo en sí, sino la calidad del deseo.
No vino a arrasar.
No vino a exigir.
No vino a pedirme nada.
Vino alineado.
Vino limpio.
Vino en eje.
Como si supiera que ya no soy el mismo de antes.
Como si reconociera que ahora hay un monje adentro que la puede escuchar sin miedo.
🌿 El deseo sin desborde
Lo digo con claridad:
mi preocupación no era sentir deseo.
Mi preocupación era que ese deseo se volviera compulsión, hábito automático, o un modo de perder la armonía que tanto me costó construir.
Pero al observarlo, descubrí algo esencial:
El deseo no venía a dominarme.
Venía a avisarme que estoy vivo.
Y eso cambia todo.
No quiero convertirme en alguien que actúa cada vez que el cuerpo pide.
No quiero caer en la caricatura del “pajero”, palabra fea pero gráfica.
No quiero perder mi eje.
Pero tampoco quiero reprimir mi energía vital ni sublimarla hasta quedar manija.
No quiero celibatos rígidos ni compulsiones disfrazadas de espiritualidad.
Quiero equilibrio.
Y por primera vez, lo estoy logrando.
🌿 La conversación con Analía
En medio de este despertar, tuve una conversación profunda con Analía.
Una conversación que cerró un ciclo con una claridad que pocas veces se logra en la vida.
Después de la distancia que nos tomamos desde el 3 de diciembre, ambos llegamos al mismo lugar:
Dos personas que hicieron un trabajo interior enorme.
Dos personas que se fortalecieron.
Dos personas que pueden acompañarse sin dependencia.
Dos personas que pueden quererse sin poseer.
Y ahí pude decirle, con serenidad:
“Sentite libre de mí en todo sentido.
El pacto de pareja ya fue abolido.”
Y lo dije sin dolor.
Sin nostalgia.
Sin dramatismo.
Lo dije desde la ataraxia que tanto trabajé.
Esa calma profunda que no es frialdad, sino libertad.
🌿 La abolición del pacto
La abolición del pacto no fue un portazo.
Fue un acto de madurez.
Fue reconocer que el amor que tuvimos ya cumplió su ciclo.
Que ahora somos otra cosa.
Que lo que queda es afecto, respeto y una amistad nutricia.
Y que lo que se fue, se fue con dignidad.
La serpiente interna necesitaba ese cierre para no confundirse.
Para no mezclar deseo con nostalgia.
Para no buscar en ella lo que ya no corresponde.
Y así fue.
🌿 La serpiente, el monje y el Hombre Valor
Hoy estoy en un lugar extraño y hermoso:
mi cuerpo está vivo
mi deseo está despierto
mi mente está clara
mi corazón está en paz
mi soledad está llena
mi energía está en eje
No necesito pareja.
No necesito reemplazos.
No necesito llenar vacíos.
Porque el vacío existencial del 7 —ese que me acompañó tantos años— finalmente se fue.
Y en su lugar quedó algo nuevo:
Hombre Valor.
Monje alegre.
Serpiente Planetaria en eje.
Vida plena.
🌿 ¿Qué hago ahora con esta energía?
La observo.
La honro.
La gobierno.
La dejo ser sin dejar que me domine.
No la reprimo.
No la exagero.
No la uso para tapar nada.
No la convierto en compulsión.
No la convierto en celibato rígido.
La dejo fluir como lo que es:
vitalidad pura.
🌿 Cierre
La serpiente despertó.
Pero no para arrastrarme.
Despertó para recordarme que estoy vivo.
Y la abolición del pacto amoroso con Analía no fue una pérdida.
Fue el acto final que me permitió entrar en esta nueva etapa:
más libre
más entero
más consciente
más en eje
más yo
La Serpiente Planetaria volvió a su trono.
Y yo también.
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