Estela se hizo pis de risa
Crónica mínima de un domingo entre mayores
Mesa compartida, +60
Domingo. Encuentro entre adultos mayores. La conversación comenzó con una reflexión sobre los cuidados que requiere una madre de 90 años y el desgaste que eso implica para quienes la sostienen. Nadie interrumpió. Todos sabían de qué se hablaba.
La frase que lo resume todo
Uno de los presentes compartió una observación que circula entre amistades de su generación:
“Mis amigos de 55 dicen que cuando éramos jóvenes nos juntábamos a hablar de minas y boliches. Desde los 50 venimos hablando de especialidades médicas, próstatas y lo felices que nos poníamos cuando comprábamos remedios. Y que en las reuniones +60 hablamos de Alzheimer, albaceas para meternos a los geriátricos y muertes, y su manera de afrontar sepelios, entierros y cremaciones.”
El estallido
Silencio. Y luego, carcajada. Estela, una de las presentes, se hizo pis de risa. Literal. La mesa se quebró en risas compartidas. No por el chiste, sino por la verdad que los atravesaba. Porque en ese instante entendieron que el humor es el último refugio lúcido. Y que reírse de lo inevitable es una forma de soberanía.
Cierre simbólico
Así siguieron almorzando. Entre pañales, memorias y cremaciones. Con más vida que solemnidad. Con más risa que miedo. Porque si algo aprendieron, es que los últimos —a veces— son los primeros en entender.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario