De la quiebra a la riqueza posmaterialista: una travesía de reconstrucción
Quiero compartir algo que me apasiona profundamente.
En el año 2015 quebré. Fue una caída dura, provocada por la prodigalidad, y desde entonces comencé un largo proceso de reconstrucción. Ese camino, lleno de desafíos, culminó el año pasado, en el Día de la Pacha Mama, cuando junto a mi hermana Apoyo (ex curadores), alcanzamos la tan anhelada Libertad Financiera.
Durante años, había acumulado una riqueza significativa a través de dos matrimonios previos. Pero tras la quiebra que fue en el año 2015, perdí mi vivienda. Al igual que una de mis hermanas, éramos los únicos entre seis hermanos sin casa propia. En medio de ese contexto, me ocupé con énfasis de que se vendiera el departamento lujoso que pertenecía a mis padres difuntos, éramos una sucesión de 11 herederos. Al departamento lo ocupaba justamente esa hermana, quien temía profundamente perder su hogar.
Pasaron muchos años hasta que, finalmente, en 2024, mis otras dos hermanas — hoy quedamos cuatro hermanos de los seis que eramos— lograron convencerla de firmar la venta. Fue la única oferta recibida desde el fallecimiento de mi madre en 2016. Entonces, nos organizamos en dos bloques fraternos y, tras un pacto álmico entre los dos sin casa, nos dimos el consentimiento mutuo para favorecer nuestro acceso a la vivienda propia.
El bloque A decidió comprar un departamento al 50% cada uno, en condominio, con usufructo vitalicio para uno de los hermanos sin casa. El bloque B hizo lo mismo. Las hijuelas correspondientes a los dos hermanos difuntos se repartieron entre sus herederos legales. Así fue como obtuve la propiedad del Departamento de Clermont, de un dormitorio. Como verán, lo estoy rebautizando desde hace tiempo: en mis épocas místicas lo llamaba La Morada de Clermont.
También perdí dos vehículos: uno modelo 20216 0 km y una 4x4 japonesa (Motero) mod. 2001, en excelente estado. Además, la mitad de un terreno conyugal en las sierras, de 5.000 m² con costa a un arroyo, adquirido con mi segunda esposa. Antes de eso, me había desprendido de otro terreno cercano a Córdoba (Zona Rural de Unquillo), de 1,25 hectáreas. No lo perdí, pero lo malvendí para comprar la casa que luego también perdí.
Hace exactamente un año heredé el departamento de Clermont. Antes, en el 2020, con ayuda de mi mujer y mi hermana mayor, compré la Taunus que aún conservo. La restauré con esfuerzo, sacrificio y dolores de cabeza. Hoy está concluida en lo mecánico y en chapa y pintura y en todo lo demás la adquirí en bastante buen estado.
En 2019, cuando viví en Villa María hasta 2021 cerca de mi mujer, esa misma hermana me ayudó a renovar los pocos muebles que conservaba de mis matrimonios anteriores. Los cambié por los modernos que hoy amo, y desde entonces he decorado mis viviendas —incluida esta, finalmente propia— con estilo minimalista.
Y aquí viene lo crucial: ya superé la pena, el duelo y la herida. Estas tres cosas —mi vivienda, mi auto clásico popular y mis muebles— se convirtieron en mi única meta material. Aún falta para finalizar la obra de interiorismo, pero estamos cerca. Justo hoy, Día de Santa Rosa de Lima, mientras cae su icónica tormenta a las 8:40 hs, mi amigo restaurador de muebles, el Tte. Mario Torres (veterano de Malvinas), está por comenzar a instalar el Paso 2 de la obra. El Paso 1 fue entregado casi en su totalidad hace un tiempo. Quedan pendiente de entrega un divna del Paso 1 para restaurar y refuncionalizar, algunos trabajos para concluir el Paso 2, y el Paso 3 ya está contratado para diciembre. Una vez entregado, la obra estará finalizada al 100%.
El Clásico popular es una Taunus modelo 1979 (de la década de mi nacimiento) y está restaurada en lo esencial. Luego de meditarlo mucho he decidido dar por concluida esa obra, para no caer en la obsesión.
Estoy profundamente contento con lo logrado. Agradezco la invaluable ayuda de mis padres, mi mujer y mis hermanas —especialmente mis Apoyos. Estoy a un paso de alcanzar otra de mis grandes metas: que mi riqueza deje de ser materialista. Ya tengo todo lo que soñé durante años desde que perdi mi primera riqueza. Lo único que necesito son pequeñas cosas para el mantenimiento, como llevar estos bienes a técnicos o llamarlos a casa cuando sufran desperfectos, como en cualquier familia.
Mi aspiración es que mi futura riqueza sea absolutamente posmaterialista. Que no se base en la cantidad de bienes, sino en la calidad de vida para mi familia y para mí.
Y como yapa, mi otra hermanita —la que tampoco tenía casa— también logró comprar su propio departamento de un dormitorio. Está chochísima. Aunque con un estilo muy distinto al mío, ambos logramos adquirir dos bellezas: el mío posmoderno, el suyo clásico. Ambos lujosos. Así, ella se demostró que achicarse era perfectamente posible, aunque antes lo veía como algo imposible.