Anoche me acosté después de las tres de la mañana. Hoy me levanté cerca de las 13:30. Me desperté bajón, con esa mezcla de cansancio, nostalgia y pensamientos que a veces se acumulan durante la noche.
Por un lado, sentía que había llegado la hora de desprenderme definitivamente de mi auto para donarlo. Por otro, me pesaba una sensación de soledad que viene apareciendo cada vez con más frecuencia. Echo de menos a la generación de mis padres y de mis tíos, aquella generación que conoció nuestros orígenes, nuestras historias y nuestros códigos. Al mismo tiempo, veo que la generación de nuestros hijos y sobrinos vive en otro tiempo, con otras prioridades, y muchas veces no parece tener interés en escuchar las historias que nosotros consideramos importantes.
Sin embargo, ocurrió algo sencillo. Me di una ducha fría.
Salí del agua completamente distinto a como había entrado. No porque los problemas hubieran desaparecido, sino porque empecé a mirarlos desde otro lugar.
Mientras preparaba los mates, comencé a asumir tímidamente que la donación del auto puede ser lo mejor para tres entidades al mismo tiempo: para el donatario, para la Taunus y para mí.
Para el donatario, porque recibirá un bien útil.
Para la Taunus, porque dejará de compartir espacio físico, económico y emocional con otro vehículo cuando ella todavía necesita completar su restauración.
Y para mí, porque significará simplificar responsabilidades y cerrar una etapa de manera consciente y generosa.
Hoy es 23 de octubre. El número 23 me recuerda inevitablemente al Salmo 23. Y mientras pensaba en todo esto, apareció una reflexión que me acompañó durante toda la mañana: quizá la abundancia de la que habla el salmo no siempre consista en acumular más cosas, sino en tener la libertad suficiente para desprenderse de ellas cuando llega su momento.
A veces la copa rebosa no porque siga entrando algo nuevo, sino porque uno aprende a compartir lo que ya tiene.
Por eso hoy trataré de entrevistarme con mi Apoyo para solicitar su visto bueno y proceder con la donación. Si existe coincidencia de voluntades, este 23 de octubre será una fecha memorable para los Alippi García y para el Dr. Daniel Riquelme. Y si por cualquier motivo él no aceptara la donación, entonces tal vez esta jornada termine siendo memorable para el enfermero Andrés.
Sea cual sea el resultado, percibo que algo importante ha comenzado a moverse. No se trata solamente de un automóvil. Se trata de una decisión interior. De aceptar que algunas etapas concluyen. De comprender que los bienes materiales también tienen su vocación y su destino.
Y, sobre todo, de confiar en que cuando se entrega algo con libertad y afecto, la abundancia encuentra siempre una nueva forma de manifestarse.
P/D: Hoy descubrí que es el día del ángel Miguel. Según la tradición angélica que estuve consultando, comenzó a regir justamente el 19 de octubre, fecha del cumpleaños de mi hermana Lucía, y extiende su influencia hasta este 23 de octubre. Por eso me resulta especialmente significativo que sea precisamente hoy cuando intentaré solicitar la conformidad de mi Apoyo para concretar la donación.
Si finalmente obtengo su visto bueno y se produce la coincidencia de voluntades necesaria para llevar adelante este acto de liberalidad, sentiré que se ha obrado una de esas pequeñas maravillas que sólo pueden comprenderse desde la fe, la providencia y el tiempo oportuno de cada cosa.
Quizás algunos lo llamen casualidad. Yo prefiero llamarlo, sencillamente, un milagro.
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