Desde el cumpleaños de mi hermana Lucía hasta este 23 de octubre, he vivido un tiempo interior marcado por la figura de San Miguel Arcángel y por una resonancia constante con el Salmo 23. No pretendo interpretar signos de manera absoluta, pero sí dejar constancia de aquello que he experimentado en mi conciencia durante estas semanas.
Hoy hemos realizado una videollamada con Lucía y, gracias a Dios, he recibido de su parte el consentimiento que consideraba necesario para intentar donar la Taunus al Dr. Daniel Riquelme, en la medida en que él desee y acepte recibirla.
La decisión no nace de la carencia, sino de la abundancia. Después de muchos años de restauración, cuidados, ilusiones, proyectos y aprendizajes, comprendo que los bienes materiales también tienen sus propios caminos y que, a veces, servir a una historia significa saber cuándo conservar y cuándo soltar.
Si el doctor Riquelme no considerara oportuno aceptar la donación, la intención será ofrecer el vehículo al enfermero Andrés por la suma simbólica de $1.000.000. No se trata de un valor de mercado ni de una tasación formal, sino de una referencia mínima destinada a transmitir una idea muy general de la importancia material y afectiva que este automóvil ha tenido dentro de mi vida.
Y si tampoco ello fuera posible, quedará abierta la alternativa de volver a ofrecer la Taunus en venta al menor precio razonable que permita su situación, incluso bajo la fórmula sencilla y tradicional de "recibo ofertas", para que el destino del vehículo pueda continuar su curso allí donde la Providencia disponga.
No sé cuál de estos caminos terminará concretándose. Lo que sí sé es que hoy he recibido una autorización importante, y que esa autorización me permite avanzar con serenidad en una decisión que hace algún tiempo comenzó a abrirse paso en mi interior.
Tal vez la abundancia también consista en esto: en descubrir que nada verdaderamente valioso se pierde cuando se entrega con libertad, gratitud y paz.